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  ESPAÑA TIERRA DE MÁRTIRES  
 

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De izquierda a derecha: Ma. del Dulce Nombre, Ma. de Czestochowa, Ma. Annai, Ma. Madre del Alma, Ma. Aprecentaçao, Ma. Sub Diloo, Madre Ma. de la Salut, Ma. del Cristo de Esquipulas, Ma. Miracoulouse du Rue du Bac

 ESPAÑA TIERRA DE MÁRTIRES
Crónica de la peregrinación a España, Julio 2008, de las Hermanas del Estudiantado “Santa Teresa de Jesús”, Segni, Italia.

            Queremos hacerles partícipes por medio de esta crónica de la enorme gracia que tuvimos de poder peregrinar durante veinte días en tierras hispanas. Este viaje se realiza todos los años con las hermanas que egresan del Estudiantado, con el objetivo de visitar principalmente los lugares relacionados con Santa Teresa de Jesús, patrona de nuestro convento, aprovechando asimismo la oportunidad para extendernos hacia los cuatro puntos cardinales lo más posible, allí donde haya algún Santo, Santuario, Basílica... allí nos dirigimos, como siempre. Y así es que no sólo recorrimos España, sino que también pudimos visitar Francia y Portugal.

Las integrantes del viaje fuimos: Madre Ma. de la Salut y las hermanas Ma. Madre del Alma, Ma. de Czestochowa, Ma. Aprecentaçao, Ma. Sub Diloo, Ma. Annai, Ma. del Cristo de Esquipulas, Ma. Miracoulouse du Rue du Bac y Ma. del Dulce Nombre.

***

El día 6 nos encontramos en el Santuario de Lourdes en donde asistimos a la emocionante procesión diaria. Miles de peregrinos y enfermos de todas las lenguas y razas acompañaban a coro el rezo del Santo Rosario, a pesar de la fría llovizna que caía aquella noche.

Ya al día siguiente llegamos a la tan esperada España, en donde, entrando por Navarra fue el imponente Castillo de Franciso Xavier el que nos dio la primera acogida. Dormimos en una aldea perdida en lo profundo del bosque del País Vasco y por la mañana nos dirigimos al Castillo de otro gran caballero y capitán del primero, el de Loyola.

Encaminándonos hacia “Finis Terrae”, iba apareciendo por partes y a la vera de la ruta el famoso “Camino de Santiago” y sus devotos peregrinos que lo transitaban. Visitamos el día 8 la hermosísima Catedral de Burgos donde descansan los restos del gran héroe el Cid Campeador y el día 9 ya nos encontrábamos en Palencia dispuestas a recorrer las fundaciones y museos del dulce “consolador de los Sagrarios Abandonados”, el Beato Manuel González, pudiendo venerar también su cuerpo que descansa, tal como él lo había añorado, junto a un “Tabernáculo”, el de su sede episcopal.

En un pueblito cerca de Palencia visitamos al Beato Rafael y “su Trapa”, enterándonos por boca del Obispo, que Dios mediante, será canonizado en su querida España, en la próxima Jornada Mundial de la Juventud.

Dejamos Palencia para entrar en tierras de Galicia y visitar al Apóstol del entonces “Confín de la Tierra”, Santiago el Mayor y verificar las ingentes muchedumbres de peregrinos, caminantes que durante días y días soportan las tempestades, el frío o el calor con el fin de venerar sus santos restos y darle el tradicional “abrazo”.

La jornada siguiente, día 10, costeamos el Atlántico de Norte a Sur hasta entrar en tierras portuguesas y presenciar el magnífico “Altar do Mondo”, así llamado por quien consagró al Corazón Inmaculado de María el mundo entero - el gran Vicario de Cristo Juan Pablo II - a pedido nada menos que de la mismísima Señora del Rosario aparecida a “os pequenos pastorzinhos de Fátima”. Recorrimos la casa natal de Franciso y Jacinta, la de Lucía, la Iglesia donde fueron bautizados, el pozo donde se les apareció el Ángel, el olivo bajo el cual el Ángel les dio a beber del cáliz... y por supuesto donde repetidas veces se les apareció la Virgen y ocurrió el milagro del sol, hoy “la Ermita”..., la corona de perlas preciosas en que luce la bala que atravesó al Papa Wojtyla, etc.

A pocos kilómetros de Fátima, visitamos el Milagro Eucarístico de Santarem, el cual conserva incorrupta la Sangre de Cristo que en 1217, derramó una Forma Sagrada.

Estuvimos en Fátima dos días y el 12 de julio, reingresamos en España para cumplir el objetivo del gran viaje: venerar a nuestra patrona, la carmelita del corazón transverberado, la princesa de la mística, reformadora del Carmelo y Doctora de su Madre Iglesia, Santa Teresa de Jesús. Primeramente en Alba de Tormes, en el Carmelo de la Anunciación desde el cual pasó a la Morada Eterna y en donde reposa su cuerpo incorrupto y se veneran también su corazón y brazo izquierdo incorruptos, custodiados en hermosísimos relicarios de plata.

Camino hacia Ávila era indespensable detenerse en Segovia y visitar otro sabio serafín de la mística, doctor de la Iglesia que aconsejado por Santa Teresa llevó a cabo en medio de tantos avatares la reforma de los Carmelitas, San Juan de la Cruz. También pudimos acceder a la ermita en donde rezaba y hacía penitencia el santo.

Ávila nos esperaba. Allí pasamos la noche para recorrer, al día siguiente, las antiquísimos lugares santos de la ciudad amurallada. La casa natal de Santa Teresa, su pila bautismal, el Carmelo de la Encarnación en el cual estuvo sus primeros 30 años, el de San José primer Carmelo fundado por ella con la “reforma”... En fin, Ávila tiene la gran dicha de haber visto nacer, crecer y luchar por la salvación del Carmelo a esta llama incandescente de la Iglesia y con mucha razón se enorgullese de eso al punto de empadronar a Teresa como “Santa Teresa de Ávila”, pero como dijo un sabio con gran elocuencia: “Ávila, no es grande porque Teresa sea de allí, Ávila es grande porque Teresa es de Jesús”. Ésta es nuestra patrona: Santa Teresa de Jesús.

Con nostálgica alegría abandonamos Ávila y el día 14 estábamos ya en Madrid: allí la Virgen de Almudena, San Isidro Labrador y su esposa Santa María de la Cabeza; Santa Mariana de Jesús, la Real Academia, el Museo del Prado, la Puerta de Alcalá y la Plaza Central. En las afueras de la metrópolis, el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de Los Ángeles, aquél que quisieron saquear los anarquistas de la Guerrra Civil Española y en donde fusilaron a centenares de sacerdotes, religiosas y laicos. No podría haber sido otro lugar más privilegiado para ellos que éste, donde sus corazones latirían por última vez junto al Sagrado de Aquél por Quien con locura de amor morían.

El día 15 visitamos El Escorial, luego San Pedro Poveda, mártir de la Guerra Civil y por la tarde rezamos las primeras Vísperas Solemnes de la Virgen del Carmen con las Carmelitas de La Aldehuela, en cuyo convento descansan los restos de Santa Maravillas de Jesús. Al día siguiente, 16, estuvimos en el locutorio con las carmelitas, entre las cuales había 11 que habían conocido en vida a la Madre Maravillas.

Al día siguiente visitamos la fantástica ciudad andaluza de Sevilla, que posee más de 150 cofradías y hermandades, cuya Fe y Amor se revela en las perlas, joyas preciosas, vestiduras hermosísimas y fúlgidas coronas con las cuales visten las famosas imágenes de la Macarena, la Virgen de la O, la Virgen de la Estrella, de la Soledad, del Dulce Nombre, de las Angustias, del Mayor Dolor y del Traspaso; el Cristo del Gran Poder, el Cristo de las Sentencias, “El Cachorro”, el Cristo del Perdón, el de las Penas, El Salvador.

La Catedral Sevillana, la tercera más grande del mundo cuya majestuosidad trae a la memoria el incentivo que movió a sus constructores “Hagamos un templo tal y tan grande que los que lo vieren nos tengan por locos”, alberga en la Capilla Real el cuerpo incorrupto de San Fernando Rey y la Virgen de los Reyes donada a Fernando por su primo San Luis Rey de Francia.

Al costado del coro el impresionante mausoleo del descubridor de América, Cristóbal Colón. También en Sevilla visitamos a la gran penitente auxiliadora de los pobres, Santa Ángela de la Cruz, su convento y casa natal.

El día 18 visitamos Granada y en la Capilla Real de la Catedral, las sepulturas de los Reyes Católicos Fernando e Isabel, capilla que ellos mismos mandaron construir para sufragio de sus almas.

El día 19 por la mañana temprano visitamos en Alicante una réplica de la Santa Faz y ese mismo día llegamos a Valencia visitando la Catedral que custodia una reliquia de valor infinito: el Santo Grial, nada más y nada menos que el Cáliz que Nuestro Señor Jesucristo utilizó en la Última Cena. Contiguo a la Catedral, el Santuario de la Virgen de los Desamparados. En la misma Valencia, un asilo con 320 internos de la congregación de Santa Teresa de Jesús Journet, quien estaba ahí mismo enterrada.

El domingo 20, asistimos por la mañana a la Santa Misa celebrada por los padres del IVE en Manresa y almorzamos y pasamos la tarde con la familia de Madre Salut, en Matadepera.

Al día siguiente subimos al Santuario de la Virgen de Montserrat con el “Cremallera” que es un trencito que sube el empinadísimo Monte-Sierra, por una vía muy angosta, ya que de otro modo es casi imposible llegar.

En el Santuario tuvimos la gracia de participar de la Santa Misa conventual con los dominicos que eran unos 50 y que solemnizaron la ceremonia con hermosísimos cantos gregorianos. Después hicimos fila para besar a la Virgen y había tal cantidad de gente que tuvimos que esperar unos 40 minutos.

Por la tarde visitamos la capital de Cataluña, Barcelona. En la Catedral, el bellísimo Cristo de Lepanto, el mismo que presidía la nave capitana de Juan de Austria en la Batalla de Lepanto y que para esquivar una bala que amenazaba a toda la tripulación, se arqueó de cintura y en esa pose se mantiene hasta nuestros días. En el mismo templo, Santa Eulalia y San Reynaldo de Peñafort. De allí fuimos a la Virgen de la Merced, a la Virgen del Pino, a San Luigi Oliol y a la colosal obra de Gaudí: el Templo Expiatorio Sagrada Familia.

Volviendo a la casa de la familia que nos acogía pasamos por el “Tibidabo”, el inmenso Santuario expiatorio del Sagrado Corazón construido por San Juan Bosco que estando en la cima del monte más alto de Barcelona, se la puede apreciar desde todos los puntos de la extensa metrópolis catalana. Allí se realiza Adoración Eucarística Perpetua desde hace unos cuarenta años.

El día 22 nos esperaban otras tierras santas, las de Barbastro. Estuvimos en el escalofriante museo de los Mártires Claretianos pudiendo observar los pensamientos que dejaron grabados en los peldaños y en los envoltorios de chocolate que gracias a Dios no fueron descubiertos por los Rojos, ya que éstos incendiaron tantas otras cortinas, puertas, trozos de madera y demás cosas en que las víctimas colocaban frases. Pudimos ver también el maletín que conservó las Formas Sagradas de las cuales se alimentaron hasta el mismo día del martirio, las cartas que dejaban a sus familiares y en las cuales se traslucía su paz, su serenidad y su locura de Amor por Cristo Rey. Recorrimos también el camino que ellos mismos hicieron desde el seminario hasta la cárcel y el terreno al costado de la carretera donde fueron fusilados.

En Barbastro conocimos también la casa natal de San Josemaría Escrivá; por la tarde visitamos el Santuario de la Virgen de Torreciudad y más tarde Zaragoza: la hermosísima Pilarica.

La Virgen del Pilar sería otra de las perlas más preciosas de esta inolvidable peregrinación, perla preciosa de hecho también para la España y la Iglesia Entera. Fue la única aparición de la Santísima Virgen “en carne mortal” al gran Apóstol Santiago el Mayor. Siendo transportada la Virgen por los ángeles desde Israel a Zaragoza, para dar conforto al desolado Apóstol que desistía de misionar en esas tierras y quería regresar a Jerusalén. “...Este pilar quedará aquí hasta el fin de los tiempos...”, le prometió la Virgen y tal como lo prometió, hasta el día de hoy se venera el auténtico y sagrado pilar desgastado y ahuecado por los tiernos besos de sus devotos.

Sobre una de las paredes están expuestas dos de las tres bombas que intentaron destruir la Basílica en la Guerra del ‘36 y que milagrosamente no explotaron, así como se conservan en la cúpula las marcas por donde atravesaron.

El día 23 visitamos en Sallent la casa natal de San Antonio María Claret y en Vic su tumba, la Casa Madre y el edificio del antiguo Seminario en el cual recibió su formación, celebró su primera Misa y en una de las habitaciones inició la fundación de la nueva Orden. En este mismo edificio, hoy sede de distintas oficinas del Obispado, se destinó uno de los pisos, como casa para la nueva comunidad de las Servidoras en esa ciudad.

Visitamos también la Catedral de Vic en la cual trabajan nuestras hermanas y por la tarde visitamos en Manresa la Cueva en la cual San Ignacio de Loyola hizo penitencia y escribió los Ejercicios Espirituales.

El día 24 emprendiendo el regreso a Italia y teniendo que pasar nuevamente por Francia, nos detuvimos unos momentos en San Maximin, en donde está el cráneo de Santa María Magdalena.

Este hermosísimo viaje que tanto añorábamos realizar, fue para nosotras una experiencia inolvidable. Esta España que tantos santos dio a la Iglesia y que tanta Cristiandad engendró e hizo resplandecer, hoy se ve amenazada, azotada por sus peores enemigos, quienes queriendo desgarrar las raíces cristianas se aniquilan a sí mismos, desvirtuando la auténtica Cultura y traicionando la Historia para hundir a España en un abismo que sólo puede conducir a la condena eterna. Pudimos ver que crecen juntos el trigo y la cizaña. Conocimos religiosas y sacerdotes que viven su consagración de manera radical, con total abnegación y recuncia y dispuestos a entregar hasta el martirio sus propias vidas, fieles a sus Constituciones y fecundos en vida espiritual y en vocaciones. También conocimos familias ejemplares que luchan contra toda corriente los ataques que hoy sufre esta célula sagrada de la sociedad, así como también experimentamos el odio y aversión tan violentos y directos contra todo lo que diga relación a la “Iglesia”, “sacerdotes” o “vírgenes consagradas”... En la calle, mientras muchos nos detenían para agradecernos el testimonio de vestir el hábito religioso o emocionados se persignaban y nos pedían besar nuestras cruces, tantos otros nos insultaban, hacían burlas y gestos.

En fin, pudimos ser con Cristo “signo de contradicción” y Roca de edificación para muchos y de tropiezo para otros.

Pero por otra parte, está el total convencimiento de que la sangre que derramaron sus mártires, de modo particular los de la Guerra del ’36, dará a las tierras hispanas una fertilidad cuya gloria será siempre cantada hasta el fin de los tiempos.