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Hace 6 meses que llegamos a nues

SSVM en Lituania

Hace 6 meses que llegamos a nuestro querido pueblecito agrícola de Pumpenai, con una población de 1000 habitantes, ubicado a dos horas de camino de Vilnius, capital de Lituania. Son todos católicos en este lugar, a excepción de nuestra vecina y los vecinos de la Parroquia de los Padres, de religión protestante. A 18 años de la caída del Comunismo en Lituania y a pesar de la persecución sufrida, la gente se ha mantenido firme en la fe y actualmente Lituania cuenta con el 90 % de población cristiana.

Lituania tiene una larga tradición católica, su conversión al cristianismo tuvo lugar algunos siglos más tarde que la de las naciones vecinas de la vieja Europa. En el año 1251, el Gran Duque Mindaugas decidió aceptar la fe católica y se puso bajo la protección especial de la Sede Apostólica, obteniendo del Papa Inocencio IV la corona real. Pero la conversión de Mindaugas, que no había sido preparada de forma adecuada, encontró gran resistencia entre el pueblo. Poco antes de 1260 el obispo se debió retirar y la trágica muerte de Mindaugas, ocurrida el año 1263, puso fin a aquella efímera primavera.

Se debió esperar más de un siglo para que resplandeciera el día luminoso del "bautismo". Fue obra y mérito de un hijo insigne de Lituania, el Gran Duque Yogaila, que el año 1386 aceptó ser bautizado en la fe católica junto con sus súbditos, y obtuvo la corona de Polonia y la mano de la reina Eduvigis, límpida figura de mujer cristiana, venerada aún hoy en Cracovia como Santa. El año 1413 Yogaila, se dedicó a la evangelización de las poblaciones lituanas. Adoptó sabias disposiciones con el fin de favorecer la libre difusión y el arraigo de la fe cristiana en todos los territorios del Gran Ducado. Poco tiempo después se erigiría la diócesis de Medininkai, con el primer obispo, Matías.

Las primeras órdenes religiosas en llegar a estas tierras fueron los dominicos y franciscanos y a continuación los benedictinos, los franciscanos de la nueva observancia (bernardinos) y los monjes basilios. El año 1570, los jesuitas abrieron en Vilnius un célebre colegio, que nueve años más tarde se convirtió en la primera universidad de la nación, centro donde se forjaron sacerdotes y hombres de cultura.

Y Dios en sus designios nos eligió a nosotras con nuestra poca edad y nuestro lituano a medias, provenientes de culturas distintas (Brasil y Ucrania), para colaborar en la continuación de esta gran obra evangelizadora comenzada hace 620 años atrás. La gente es muy paciente y buena con nosotras, en especial los niños, nuestros primeros maestros de la lengua, quienes nos acompañan y cuidan incondicionalmente. Baste un ejemplo de esto: al regresar de la Parroquia uno de estos días de invierno, encontramos el camino de ingreso del convento, que habíamos dejado bloqueado por la nieve copiosa de la semana, perfectamente limpio. Y no solo el ingreso a casa, sino también el caminito que recorremos para buscar la leña para la caldera. Inmediatamente pensamos en un señor amigo, y le agradecimos, pero resultó que no había sido él. Al día siguiente, llegando antes de la hora prevista a casa, descubrimos a nuestro pequeño bienhechor limpiando afanosamente la parte del camino que faltaba, Teisutis, un niño de 9 años, monaguillo de la Parroquia, quien quería que las “seseris”(monjitas) no cayeran en la nieve.

Nuestro apostolado consiste en ayudar con el oratorio infantil dos veces por semana en la casa Parroquial. Y todos los domingos por las tardes esperamos a los niños en nuestra casa. Hacemos juegos con ellos, con una pequeña merienda con torta hecha por las “seseris”. Les enseñamos a rezar en nuestra capilla y ellos vuelven a casa contentos.

Nuestro pequeño pueblo cuenta con dos escuelas donde se organizan frecuentemente actividades culturales. Nosotras aprovechamos a acompañar a nuestros niños y a aprender un poco más de la cultura Lituana. Aunque los niños estén invitados los domingos a nuestra casa, vienen casi todos los días a la salida de la escuela para saludarnos y preguntarnos si estamos bien. También nos pasan a buscar para acompañarnos a la Misa de la Parroquia. De más esta decir que nuestros cumpleaños son un gran acontecimiento para ellos, todos llegan con regalos a felicitarnos.

Otro de nuestros apostolados es con el oratorio de jóvenes todos los viernes por la noche en la casa parroquial. El patrono del grupo es Pier Giorgio Frassati. Un momento fuerte de este apostolado es la noche heroica que se realiza todos los primeros viernes de cada mes con adoración al Santísimo. Se organizan turnos de media hora y es muy edificante ver como todos quedan en adoración más tiempo del asignado. A ninguno hay que recordarles el turno, todos saben que esa noche es para acompañar a Jesús. Este momento de oración atrae muchos jóvenes, de hecho han ido aumentando y ahora son 39 “los jóvenes adoradores”. Han comenzado a venir también de un pueblo vecino llamado Pasvalis. Durante la noche se organizan juegos, los padres dan pequeños puntos de formación y se educa en las charlas informales que van surgiendo. Es mucha la asistencia a pesar del frío bajo cero del camino. La Adoración empieza a las 21:00 del viernes y termina a las 07:00 de la mañana del sábado con la Santa Misa. También los sábados las jóvenes están invitadas a nuestro convento para compartir las pizzas que tanto les gustan.

Mucha gente adulta nos visita y nos ayuda con los productos del campo que ellos mismos trabajan. Vladislava fue la primera en golpear nuestras puertas con tres litros de leche recién ordeñada prometiéndonos volver cada día con la misma donación, y es así que hasta ahora no ha faltado ni un solo día. Esto nos dio la posibilidad de conversar con ella sobre Dios, sobre la necesidad de ir a Misa todos los domingos, costumbre que por el comunismo ella había perdido. En Navidad el mejor regalo que nos hizo fue la Confesión y la comunión después de treinta años. No deja de asistir a Misa cada domingo.
Somos las sacristanas de la Parroquia, y por ahora solo asistimos a las clases de catecismo de los niños “como oyentes” para adquirir vocabulario.

Agradecemos a nuestros superiores por habernos dado la posibilidad de misionar en estas hermosas tierras, donde el cristianismo ha sido verdadera levadura evangélica impregnando la vida diaria y donde por gracia de Dios dos de nosotras pudimos renovar los votos con la primera formula traducida al lituano. Agradecemos a los sacerdotes misioneros del IVE, que trabajan desde hace 5 años aquí, y que con gran disponibilidad nos guían en nuestros primeros pasos. Y admiramos junto al Papa Juan Pablo II la fe lituana, que “se expresa sobre todo en una antigua y fervorosa devoción de los fieles a la pasión de Cristo, confirmada por las innumerables cruces erigidas al borde de los caminos, por las frecuentes imágenes de Jesús sufriente, típicas manifestaciones del arte popular, por los lugares llamados "calvarios" con sus respectivas estaciones del "Vía Crucis", que le han merecido a estas tierras el sobrenombre de tierra de las cruces".