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El
sábado 28 de marzo tuvimos la visita del Cardenal Angelo Sodano. En la
cena del 25 de marzo con los padres del IVE, el Cardenal supo que había
un monasterio de nuestra Familia Religiosa en Velletri y como él venía a
Velletri para celebrar la Santa Misa y participar de un almuerzo con las
hermanas de Santa Marta que están acá, dijo que no podía dejar de pasar
para visitarnos también a nosotras.
Llegó
cerca de las 15:00 hs. Vino con tres hermanas del Instituto de Santa
Marta que lo asisten en su casa de Roma. Apenas llegado comenzó a
preguntar a cada una de dónde éramos, cuánto tiempo hacía que estaba
este monasterio, etc. Después nos preguntó si habíamos participado de la
Santa Misa del 25 de marzo en San Pedro, como le respondimos que no, nos
contó un poco de la Santa Misa, del coro y también de la cena.
Pasamos
luego todos a la Capilla, rezamos juntos y pidió que cantásemos un canto
a la Virgen que supiésemos
todos. Y después nos hizo sentar para darnos un pensamiento. Empezó
contando que el 25 había “cantado el Te Deum” con nuestros Institutos en
el Altar de la Cátedra de San Pedro, con la presencia de hermanas,
padres y miembros de la Tercera orden. Nombró a cada uno de los obispos
que habían participado, destacando a Monseñor Velasio De Paolis, que
ayudó a Monseñor Erba con nuestras Constituciones.
Contó que
había conocido nuestra Congregación en San Bernardo, Chile. Que conocía
a nuestro querido Fundador, a la Madre María de Anima Christi, padres,
hermanas y al p. Gonzalo Ruiz que trabaja en el Decanato.
Dijo
también que sabía que al principio habíamos tenido problemas, pero que
salimos adelante con sinceridad, humildad y obediencia, porque el que
obedece siempre es premiado. Agregó también que sabía que nuestro
carisma era Eucarístico, Mariano y Petrino, y que dedicábamos muchas
horas a la Adoración Eucarística. Con respecto a esto último dijo mas o
menos lo mismo que predicó en la Homilía de la Misa en San Pedro.
Al final
nos dió la Bendición y pasamos al comedor donde nos entregó de regalo
un huevo de Pascua y un sobre que decía: “para las necesidades de la
comunidad”. Después preguntó nuestro horario, por el que se mostró
interesado. Luego, entre otras cosas, comentó de la próxima fundación en
la Isola d’Asti donde las hermanas atenderán un jardín de infantes, que
están por dejar las salesianas y al que él fue cuando era niño.
Le
pedimos que nos contara algo de S.S Juan Pablo II. Contó que había
estado muy cerca de él durante 18 años y dijo que de Juan Pablo II
muchas cosas se podrían decir, porque fue un hombre extraordinario, que
se podría destacar de él que fue un Papa eucarístico, mariano, austero,
etc... pero que lo que a él más le había llamado siempre la atención, y
que creía que era la característica principal del Papa, era la fuerza de
voluntad que tenía para todo, afirmó que tenía una voluntad de hierro.
No sé -dijo el Cardenal- dónde la habría adquirido pero era algo que se
caracterizaba en él, quizás la habría adquirido cuando estuvo en el
campo de trabajo forzado de Solvay, o quizás de la educación que le
dieron sus padres... Juan Pablo II se acordaba siempre y le contaba al
Cardenal que su padre se arrodillaba junto a él al lado de la cama para
rezar las oraciones. Pensar que su padre era un militar retirado –dijo
el Cardenal- y que había servido por tantos
años a la Patria.
Continuó
el Cardenal diciendo que era notable cómo era disciplinado en el
cumplimiento del horario que se proponía, y contó cómo una vez que
estaban en Castelgandolfo de vacaciones, sus secretarios le habían dicho
a él: “ojalá el Papa quisiese levantarse más tarde y celebrar la
Misa un
poco más tarde, así también nosotros podríamos descansar un poco más,
pero no hay forma de cambiarle el horario, él quiere celebrar la Misa a
la 7:00 hs”. También se notaba esa voluntad en los viajes que realizaba
-dijo- cómo se preparaba y se preocupaba por conocer la cultura, la
historia, las necesidades de los países que visitaba. Especialmente se
notaba esto en los últimos años de su vida en los que estaba tan
enfermo, por lo que le aconsejaban que no realizara viajes, pero él
decía firmemente que tenía que ir. En el avión estaba siempre haciendo
algo –nos contaba el Cardenal- por ahí se lo veía rezando el breviario,
o con el rosario en la mano, o leyendo sobre el país que iba a visitar.
Siempre se sentaba con él su secretario con una valijita con varias
cosas que podría necesitar el Papa y el cardenal atrás, y al lado había
una cortina que los separaba de todos los demás que venían en el avión.
También nos contó que un día viernes que iban en el avión, escuchó que
el Papa le pedía a su secretario el Via Crucis y éste le pasó un librito
que se habría como acordión y que tenía todas las estaciones, y él las
iba pasando a medida que
rezaba. Él entonces sorprendido le
preguntó al secretario: ¿cómo es posible que rece el Via Crucis ahora,
en el avión? y el secretario le contestó: no sé
si habrá
hecho un voto o qué pero todos los viernes esté donde esté reza el Via
Crucis. Se acordaba también el Cardenal que en un viaje a Tours,
Francia, pararon en un convento de religiosas y después de la Santa Misa
y la cena, se retiraron todos a dormir con la indicación de las hermanas
de dejar todas las luces apagadas. Él, que estaba en un sector distinto
al del Santo Padre, observó la zona de la habitación del Papa , y notó
que, siendo más de las 23:00 hs., había luces encendidas, entonces
pensando que quizás se sentiría mal, fue a ver, y llegando a la Capilla
contigua a la habitación del Papa lo encontró arrodillado delante de una
estación del Via Crucis, se acercó y le dijo que era tarde, que era
mejor que se fuese a descansar, pero el Papa le respondió que no se
preocupara, que él apagaba las luces, que terminaría y se iría. El
Cardenal se acordó en ese momento que ese día era viernes. Luego nos
dijo el Cardenal riéndose: y bueno, él era el Papa así que tuve que
obedecer... Pero así era en todo, con una gran fuerza de voluntad, hasta
se lo pudo ver ese último domingo que salió para rezar el Angelus y con
qué fuerza golpeo porque no podía hablar...
Luego de
fotos y regalos lo despedimos desde nuestro balcón con gran alegría por
haber recibido en nuestro Monasterio a quien ha hecho tanto por nuestra
querida Congregación y por el bien de la Iglesia.
Hermanas del
Monasterio “Madonna delle Grazie”-Velletri
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