Portada Noticias Aprobación del Instituto Vida Contemplativa Casas de Formación Servidoras en el Mundo Direcciones Info Pedido de oraciones

Otras Páginas SSVM:
 USA    Italia    SSVM Heiloo NL
 Miembros de las SSVM

Galería fotográfica

  Votos perpetuos en Hong Kong - El suelo  
 

Fue el domingo de gaudete y la elegancia de la Divina Providencia quiso, como nos hizo notar el Cardenal Joseph Zen, que fuera el día elegido para la profesión de los votos perpetuos de la M. Maria Laetitiae Crucis. Viví esta ceremonia de las bodas espirituales de un alma para con Su Creador con particular emoción, por tratarse de nuestra primera vocación oriunda de Hong Kong que profesó sus votos perpetuos como miembro de nuestro Instituto. Pude entregar a Maria Leatitiae Crucis la cruz de Matará cuando apenas ingresó al Instituto y fue un regalo de Dios el poder estar presente en Hong Kong el día 14 de diciembre pasado, para acompañarla en su entrega definitiva. La ceremonia tuvo lugar en la parroquia de los Santos Pedro y Pablo del Instituto del Verbo Encarnado. El Cardenal Primado de Hong Kong precedía y predicaba la Santa Misa. La iglesia estaba repleta de gente, bautizados y no bautizados, hongkoneses y filipinos, miembros de la tercera orden, todos venidos para acompañar a nuestra hermana. Había gran silencio y atención durante la Misa y se experimentaba el espíritu de oración, que caracteriza a los orientales, que iba acompañando a la hermana al altar.

Llegó el momento del rito de profesión, el llamamiento y la respuesta libre y decidida: “Aquí estoy Señor porque me has llamado”. Luego la homilía del Cardenal, el interrogatorio y los “sí quiero” de la hermana, seguidos por la postración.

Sobre dos alfombras rojas unidas entre sí, se prostró la hermana dispuesta a entregarse toda entera a amar a Su Señor y a servir a Su Iglesia. Fue significativa que esta entrega la hizo a los pies del Cardenal Zen, este gran hombre de la Iglesia, quien se mostró siempre un padre y amigo para con nuestra Familia Religiosa y en manera particular con María Laetitiae.

El venerable Juan Pablo II, en el libro que escribió con ocasión de los 50 años de su sacerdocio llamado “Don y misterio”, habla hermosamente del significado de la postración que ocurre durante la ordenación sacerdotal. Salvando las distancias y análogamente las palabras del papa se pueden aplicar a la postración de una religiosa cuando profesa sus votos perpetuos. Escribe el Papa Santo, recordando la postración de su ordenación sacerdotal y reflexionando sobre este gesto tan profundamente cargado de sentido religioso:

Quien se dispone a recibir la sagrada Ordenación se postra totalmente y apoya la frente sobre el suelo del templo, manifestando así su completa disponibilidad para asumir el ministerio que le es confiado. Este rito ha marcado profundamente mi existencia sacerdotal. Años más tarde, en la Basílica de San Pedro -estábamos al principio del Concilio- recordando el momento de la Ordenación sacerdotal, escribí una poesía de la cual quiero citar aquí un fragmento:

"Eres tú, Pedro. Quieres ser aquí el Suelo sobre el que caminan los otros... para llegar allá donde guías sus pasos...Quieres ser Aquél que sostiene los pasos, como la roca sostiene el caminar ruidoso de un rebaño: Roca es también el suelo de un templo gigantesco. Y el pasto es la Cruz''.

Al escribir estas palabras pensaba tanto en Pedro como en toda la realidad del sacerdocio ministerial, tratando de subrayar el profundo significado de esta postración litúrgica. En ese yacer por tierra en forma de Cruz antes de la Ordenación, acogiendo en la propia vida -como Pedro- la Cruz de Cristo y haciéndose con el Apóstol "suelo" para los hermanos, está el sentido más profundo de toda la espiritualidad sacerdotal.1

El papá de Leatitiae se puso en cuclillas cerca de su hija postrada para sacar las fotos más lindas de este momento lleno de misterio, pero una vez terminado se quedó a su lado, viendo con emoción como su hija se entregaba a Dios. Mirando así a ambos, vinieron a mi mente las palabras que me dirigió este papá al entregar su hija muy querida como postulante a nuestro cuidado: “No la entiendo, pero quiero que mi hija sea feliz.” La mamá y la hermanita no podían contener las lágrimas, mientras los santos, en una larga letanía, llevaban todas las oraciones al cielo. Era este mismo día el aniversario de matrimonio de los papás de Laetitiae. Dios manifestó así el fruto de este amor matrimonial en la entrega generosa de una hija a la Iglesia.

Las hermanas de la comunidad María Donglu y María del Santo Niño estaban atentas a todos los detalles de la ceremonia. Se hizo palpable la caridad fraterna. La M. María de la Concepción había viajado desde Taiwán, la M. María de las Victorias llegó desde Filipinas y además nos acompañaban las misioneras M. María del Santísimo, María de Caná y M. María Rocío. Era una gran alegría poder decir delante de toda la asamblea que de ahora en más teníamos todo en común.

El P. Gervais hizo notar que la hermana fue bautizada en la misma parroquia, recibió allí su primera comunión y confirmación y ahora es misionera allí.

Uno de los monaguillos con sus zapatos agujereados, miraba con admiración y sorpresa a esta Servidora prostrada por tierra; símbolo de la total sumisión de frente a la majestad de Dios y contemporáneamente signo de la total disponibilidad a la acción del Espíritu Santo para el servicio de la Iglesia. 2

M. Maria de Anima Christi

2 de febrero 2010

 

1 Giovanni Paolo II, Dono e Mistero, Librería Editrice Vaticana 1996, p. 52-53. (Iglesia: Los Pastores y las Fuentes. Basílica de San Pedro, otoño de 1962: 11.X - 8.XII, El Suelo).
2Cfr. Juan Pablo II, Don y Misterio, p. 52